Pues sí… “La sorpresa de la jornada”, decía algún avispado reportero televisivo a pie de sede… Los menos sorprendidos fueron, sin duda, los propios gallegos, que han dejado poco margen a la duda: Touriño deberá dejar su “coche fantástico” a Núñez Feijoo, mira por dónde… Ah, y las cuatro salas “vip” de la Xunta, las de los 4 millones…
Lo peor para ZP es que lo de Touriño confirma que en España no nos olvidamos del tópico aquél de “pon un socialista en el poder y verás qué poco tarda en hacerse rico”. Que yo sepa, lo de los altos cargos socialistas con los coches debe ser algo así como un tic nervioso o algo parecido, porque se me viene a la memoria otra parecida en Cataluña… Ay, mi abuelo recuerda con nostalgia aquellos rústicos SEAT 1500 negros, con el armazón de hierro “colao” y una mala leche para los choques frontales que ríase usted de los míticos “Panzer”… El coche nacional, sí señor.
Ya veo a Solbes pidiéndose un Jaguar con una cabeza de conejo en el morro, sustituyendo al afamado felino (hay que ser consecuente con lo que uno predica, que si no, luego se nos ríen, ¿eh, Pedro?), o a Bermejo montando una Puch Condor, de las que se decía que eran auténticas “cabras”… Y la niña de Rajoy sin aparecer… A lo mejor se fue de marcha con Garzón, que es lo que tienen las canas bien llevadas.
La cosa es que Zetapé ni asomó el pelo anoche, dejando más solo que la una a su buen amigo Touriño, y hasta Pepiño Blanco, en otros tiempos apodado el “Léon del Cantábrico”, picó espuelas en plan Correcaminos (bip, bip) para dar su ruedecilla de prensa en Madrid, para no tener que oirse las risas de fondo. Al final de cada proceso electoral, por local o parcial que sea, uno siempre se pregunta algo que siempre, siempre, se termina olvidado con el paso de los días: ¿qué se hace cuando uno ha sacado pecho y se ha puesto más chulo que un ocho y luego te cierran la boca de un zapatillazo electoral? En fin, bendita “piel de toro”…


