Los tránsfugas instauran un “Bronx” a su imagen en Benidorm
No se me ocurre otro apelativo para el auténtico show tipo "chincha rabiña" que ayer avergonzó a buena parte de la ciudadanía patria. Incluso me parece difícil reconocer adulto alguno en ninguno de los protagonistas del asalto al poder vivido ayer en Benidorm, ni en el vendealcaldes ex pepero Bañuls, ni en la "madre desnaturalizada" de Leire Pajín, ni a los apesadumbrados concejales populares que escenificaron el luto por la democracia. El espectáculo vivido ayer, para atragantarse con las palomitas, oigan...
Pero son los políticos que nos ha tocado sufrir. Desgraciadamente no tenemos otros, y aunque a diario nos demuestren que están más cerca de una hipotética reposición de "Escenas de patio de colegio" que de un mínimamente razonable juego político, no nos queda otra que darles un poco de cuerda -sí, un poco más de lo que ya hemos dado a Bigotes, trajes pijos, coches forrados de oro y sillones de cien mil euros- mientras el inexorable paso del tiempo nos acerca hasta las próximas generales -coincidan o no con las catalanas- sin ofrecernos alternativa alguna a este circo de inútiles.
Para los faltos de memoria, hay que tener presente que de este mismo modo ya hubo un alcalde en Benidorm que luego llegó a President de la Generalitat y más tarde a bronceado ministro bocazas. Dudo mucho que la "señá" Maruja provocara entonces un minuto de silencio "por la muerte de la democracia". Habría sido más correcto hacerlo "por la muerte del pacto anti trasfuguismo", pero claro, en tierra de poetas como es ésta, es más bonito cargar el discurso político de metáforas, cuanto más exageradas mejor.
Para los más progres "te lo juro, Mari" -que en todas partes cuecen habas- hay que avergonzarse ante acciones del tipo "toma, toma y toma" y revanchas euforistas como el anuncio del despido fulminante de la propia Maruja. Eso rebaja el juego político local de Benidorm a los sótanos o a una "bajura" -que no altura- digna de una escenita de Gran Hermano o de Dónde Estás Corazón. Tendremos que vder los programas de cotilleo para informarnos de las novedades políticas del país, como sigamos así.
Y sigo diciendo lo mismo: mientras nos entretenemos con estos espectáculos, no nos levantamos en armas contra la voracidad financiera ni contra la barbarie fiscal. Pero queda tan bonito eso de subirle los impuestos a los ricos -como si alguien se creyera el cuento de la lechera-...










