Perdonad mi silencio de estos días… Estaba conteniéndome ante tanta mentira, falsa imagen, estulticia e hipocresía interesada pero reconozco que al final han podido conmigo. Me había prometido no dar publicidad gratuita a esos vividores de “Salvem El Cabanyal”, pero es que lo de esta semana ya es demasiado.
Creedme, sé de qué hablo. Procedo de una familia residente en El Cabanyal desde hace más de cuarenta años y yo mismo he podido jugar en “el carrer de la Barraca” de pequeño porque sí, de verdad… Si pasaba un coche tocaba el claxon para que nso apartáramos… Era como un pueblo dentro de la ciudad. Ése es -o mejor dicho, era- el auténtico barrio de El Cabanyal, con vecinso que más que nombres y apellidos tenían nombre, nombre de la madre o el padre y en todo caso, mote familiar pegado al alma como una segunda piel… Como María “la Botillosa”, mi abuela, una mujer de metro ochenta y cinco -una giganta para su época- amiga de todos sus vecinos de la calle de la Barraca y que regentaba un puesto en el mercado de El Cabanyal -para los que pongan en duda si digo o no la verdad-.
Pues oigan… Ésos que en la tele sañen tirados en el suelo, sangrando como si los hubiera degollado la policía -que no se engañen, no la manda ni Rita Barberá ni Paco Camps, sino el socialista Peralta, delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana-, esos mismos son conocidos como “camorristas” y “reventadores de actos” profesionales, utilizados por el PSPV en otras ocasiones para otros tantos “saraos”… Son gente que de repente se mezclan con el pueblo y, henchidos de orgullo y soflama romántica, parece que les deban la vida… No se engañen… No conocen el Cabanyal ni de lejos.
Es el caso de la señora Alborch, conocida aquí como “la Piñorra” -ya les decía que en este barrio todos teníamos motes heredados-, que lo más cerca que ha tenido el Cabanyal es el paseo marítimo, donde yo mismo la he visto algún domingo pasear de la mano de su madre, a la que tenía entonces en un asilo cercano… Pero claro, díganle a ver si ha estado en “las casitas rosas”, por poner un ejemplo, zona de La Malvarrosa en la que cada esquina esconde una más que probable amenaza de atraco, pinchazo con aguja de heroína o cuanto menos un mercadillo de droga al uso. Cada portal es una promesa de peligro… Hace tan sólo veinte años sólo se vendía marisco allí. Pero claro, es más fácil amedrentar a los vecinos que, hartos de mentiras y de ver hacerse la foto a gente que no ha pasado por allí en su vida, montan otra plataforma para pedir el apoyo a la rehabilitación de un barrio al que nadie se quiere acercar ya, al que todos quieren olvidar, porque se le tiene apartado como al cubo de la basura… “Xe, ara s’anrecorden de que existeix El Cabanyal, estos fills de p…”, masculla mi padre asomándole un hilillo de lágrima por lz mejilla izquierda. Yo he visto papeles con amenazas, huevos podridos estampados contra las ventanas y piedras agujereando cristales… Por pedir firmas a favor de la ampliación de Blasco Ibáñez… Bonito ejercicio de libertad, sí señor…
Las imágenes que hemos visto en la tele no son la verdad. Son el segundo acto, la consecuencia de varios intentos de desalojo por parte de las fuerzas del orden -insisto, mandadas por la Delegación del Gobierno socialista-, contestadas con insistentes oleadas de insultos, provocaciones, chulería y toda suerte de improperios y, ante el intento por parte de los agentes de desalojar físicamente a los de la sentada, una lluvia de piedras, botellas y todo tipo de objetos contra dichos agentes -y claro, todo aquél que tuviera la desgracia de estar allí-. Pero esos periodistas son conscientes de que ésta parte no da dinero en las audiencias… Y guardan la cámara -entre otras cosas para que no se la rompan-. De todos modos, aunque cogieran fotos o vídeos, sus jefes luego iban a obviarlas… De momento, los policías logran salvaguardar la integridad de esos “profesionales de la información” que luego van a dejarles a ellos como auténticos “nazis violentos y represores antidemocráticos”. Pero bueno, ya están acostumbrados…
Luego viene lo que sí que sale en la tele, pero claro… Es que ahora los policías actúan y los periodistas ya no corren peligro. Garantizada su seguridad, tienen todo el espacio y facilidades para tomar cuantas imágenes quieran. Es cuando salen las porras, los arrastres, las tortas… Eso es lo que preside las portadas de los periódicos y las cabeceras de los Telediarios… Y es lo que se lleva la gente de España del barrio de El Cabanyal.
Como para escuchar un programa de radio y escuchar de la mismísima becaria metida a periodista a la que el policía ha librado de una pedrada decir que no entiende “la brutalidad policial”, que “los insultos, amenazas y pedradas van en el sueldo” y “que deberían dejar expresarse al pueblo”… Claro, aunque el pueblo te abra la cabeza… Dos policías están en el Hospital, quédense con eso.
Ah, por cierto, por más que repaso las imágenes, no reconozco a ninguno de mis antiguos vecinos entre los manifestantes de ayer… Ni mi padre, que nació y vivió allí más de treinta años, tampoco. NADIE. Es la nueva generación de manifestantes de pago… A mil euros el manojo de diez alborotadores, oiga…. Que me los quitan de las manos… Paíssssss…..


