Lo vienen avisando… Tanta memoria histórica, tanto calentar el ambiente con pendencias de más de medio siglo de altigüedad, al final pasa lo que pasa: un antifascista se lía a palos con un chaval porque a su “modélico” cerebro le parece que va vestido como un fascista.
Las imágenes que hemos podido ver todos en el interior de uno de los convoyes del Metro de Madrid son espeluznantes, pero lo es más aún el “razonamiento” (por llamarle algo) del agresor: “es que yo cuando veo un fascista, le pego”. Así, directamente… porque sí, porque en aras del “respeto a los abuelos del bando republicano” se están haciendo guiños a la justificación sacrosanta a la hora de saltarse la Ley a la torera por aquello de que no quede un fascista impune -véase el “Guerrero del Antifaz” Garzón- Vamos, que estamos trasladando a esa misma juventud a la que hemos condenado a un estado que ralla el analfabetismo, la idea de que pegar está mal, pero si el que recibe estopa es un fascista, la cosa cambia. Lo realmente curioso es que los de la izquierda aberzale no son considerados fascistas, ni siquiera con fundamentos tan reveladores como la “raza vasca” o el enaltecimiento del uso de la violencia para la consecución de sus objetivos… ¿Ven la ironía?
¿No estaremos convirtiendo a nuestros jóvenes en nuevos fascistas? La violencia, venga del “bando” que venga -me cuesta acudir al término “bando” sin sonrojarme por lo que implica a estas alturas-, es violencia y, por simple definición, deleznable, despreciable y, por supuesto, ilegal. Yo quisiera trasladarles a otro escenario: una pertinaz crisis en el 36, acompañada de una absoluta inoperancia ejecutiva perpetrada por Gobierno y Oposición a partes iguales, produjo un cambio de cultura política que dirigió la actividad parlamentaria hacia una escalada de crispación mutua que, llevada a una extrema temperatura, se trasladó a las calles, primero en forma de pequeñas escaramuzas, manifestaciones y atropellos al mobiliario urbano; después en forma de agresiones y, finalmente, de un rosario de asesinatos cada vez más masivos que darían a los militares la excusa perfecta para levantarse en armas.
No sé por qué, pero es en este punto en el que me acuerdo de la “pillada” a Zapatero en su entrevista con Gabilondo, gracias a aquel “traidor” micrófono abierto: “a nosotros lo que nos interesa es crispar”. Cuidado, José Luis… cuidado. He escuchado a un ex compañero tuyo de partido -al que tu defenestraste, por cierto- decir que el problema es que los españoles votamos como sentimos, no como pensamos. Y yo me atrevería a decir que una situación de crisis como ésta, con muchísimos paisanos al borde del ataque de nervios o enganchados a Orfidal, Prozac o Trankimazín (o a los tres), es un caldo de cultivo perfecto para que “el sentimiento” aflore en forma de situaciones totalmente fuera de control. No siempre se va a solidificar en manifestaciones pacíficas como las que en aquel 14 de marzo te dieron la victoria… porque, entre otras cosas, los que en aquellos momentos dbaan un ejemplo único a las democracias europeas de activismo democrático pacifista, estaban bien comidos y vestidos.
Quizás la próxima vez no sea un chaval contra otro, José Luis… El pasatiempo de moda en algunos institutos es organizar quedadas de cuanta más gente mejor para darse de palos, en plan batalla campal, y si se tercia, grabarlo en video. Pon ahí los colores “rojo” y “azul”, y ya tienes una Guerra Civil en miniatura.


