Asistimos, desgraciadamente, durante estos días a otro esperpento más de esos a los que nos tienen acostumbrados los “esgaedianos” y sus 40 “bardenes”, una metidita de pata “hasta el garrón” seguida de una desbandada ante el aluvión de “serranas” que se están llevando, al más puro estilo “tira la piedra y esconde la mano”.
Así es. No hay nada como las “ostias” que da el soberano pueblo para devolver a la “triste” realidad a ciertos casposos que siguen creyéndose progresistas desde su confortable colchón de millones… Y es que ni sus millones ni sus chascarrillos de tertulia “late night” les resguardan del “respetable” cuando éste se siente insultado en su integridad intelectual.
Pero no desesperemos -no vaya a ser que nos acusen de traidores a la patria los amigos de “estosololoarreglamosentretodos”, garantes del optimismo que nos va a salvar a todos ahora que ha muerto el mito de Obama-, porque algo positivo sí que se puede sacar de esto: los españoles estamos volviendo a tener memoria, al menos la “pública”.
Debe ser por el poco tiempo que ha separado dos casos bien parecidos pero con distinto final y, sobre todo, distinta cobertura mediática e “intelectual”: el de Aminatou Haidar y el de Rolando Zapata. Sí, lamentablemente el último ha terminado muriendo, mientras que la primera ya vive feliz en su casa y ya con el manto protector de la repercusión mediática que se le ha prestado desde la comunidad “intelectual” de este país (que no considero negativo que se haya dado, sino todo lo contrario). Pero claro, un gesto bello, solidario y generoso como fue el otorgado por los “Bardem & friends” a la activista saharaui no puede ser etiquetado con conceptos como humanidad, derechos, libertad, democracia, etcétera y luego dar la espalda a un grito de socorro como el de Rolando Zapata por una mera cuestión ideológica o, lo que es peor, de simple y cómoda simpatía.
Porque no nos engañemos… Hay dos verdades fundamentales que echan por tierra los planteamientos de estos supuestos intelectuales erigidos en auténticos líderes espirituales de la sociedad española: La primera es que no conozco ninguna dictadura de derechas ni de izquierdas… Son sólo dictaduras y los planteamientos para sojuzgar al pueblo son siempre idénticos, independientemente de los colores que inventen para distinguir a sus partidarios de los que no lo son; la otra gran verdad es el del pensamiento circular, o lo que es lo mismo, cuando la militancia de la extrema derecha se pasa de frenada, vuelve a entrar en el circo político por la izquierda, y viceversa. Los extremos -y está más que demostrado- llegan a tal grado de similitud que llegan a convertirse en un único argumentario político: el de la miseria humana.
Y concluyo con una frase, genialmente parida por el insigne Guillermo Toledo para justificar el silencio por Zapata de aquellos mismos que levantaron sus puños y voces por Aminatou Haidar: “Zapata sólo era un preso común”. Gran frase, a fe mía, emitida por uno de los adalides de la solidaridad, del derecho a la libertad de expresión y luchador contra la opresión al individuo. Pues ¿qué quieren que les diga? A mí esta frase me recuerda mucho al planteamiento xenófobo / racista de “está claro que los inmigrantes son personas y tienen derecho a un techo y el pan, pero es que aceptan sueldos y condiciones de trabajo que hace que nosotros nos quedemos en el paro”. Vamos, que antes que Toledo, este argumento de “sólo son delincuentes” lo utilizaron no sólo Castro, sino también Stalin, Hitler, Mussolini y un tal Franco, apodado “Paquito pantanos”. Pero no vayamos más allá de la siguiente idea: ¿qué les hubiera parecido si hubiéramos justificado lo de Aminatou con un lacónico “eso le pasa por irse a recibir premios por ahí, mientras en su pueblo se mueren de hambre”? Cruel, ¿verdad? Pues eso.
Ay, Willy de mi vida… ¿Has visto lo que has conseguido? Tus amiguitos, empezando por la que estaba junto a ti mientras metías el remo públicamente, han corrido a desmarcarse públicamente de tu apología camuflada de la intolerancia y el fascismo, no vaya a ser que se les acabe el chollo por un “quiteme usted esas pajas”. “No, yo no… Yo ¿cómo voy a decir eso?”. Es lo que tiene, tanto ponerle el cascabel al gato y en cuanto asoma las fauces, todos a correr…


